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Fontana de Tritones de Tomé, abatida por el Sismo Bicentenario. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Rolando Saavedra Villegas   
Jueves, 11 de Marzo de 2010 01:04

A la una de la madrugada del 27 de febrero del 2010, buscaba información de Val d’Osne, para ajuntarla a la fundamentación del Proyecto de Restauración de la Fontana de Tritones de la Plaza de Armas de Tomé-Chile. La Arquitecta de la I. Municipalidad de Tomé, Sra. Marissa Macchiavello, necesitaba antecedentes que dieran peso histórico a la postulación que ofrecía financiamiento hasta por quince millones de pesos. Buscando lo solicitado, encontré en un portal de Internet la Fontana de la Plaza Roger Salengro de Tolouse, Haute Garonne, Sur de Francia, en cuya base de uno de los Tritones dice VAL DOSNE 1852. Que alegría ante este nuevo descubrimiento, que sumaba una cuarta Fontana similar a la nuestra. Ya sabía de la existencia de las fontanas de Italia, México e Isla La Reunión. El sábado sería la oportunidad de liberar la noticia, que daba nuevos datos para agregar a la postulación del proyecto de restauración, tan anhelado por todos quienes integramos el “Comité Comunal Para el Patrimonio de Tomé”, que preside el profesor Fernando Espinoza Díaz.

Me dormí, atesorando tan agradable noticia. Los sueños felices suelen ser muy breves. Son más prolongadas las pesadillas.

De mi apacible sueño ingresé a un infierno oscuro de ruido y movimiento, del cual no había escapatoria. Sabíamos que tarde o temprano vendría, sin embargo, jamás imaginamos lo prolongado e intenso que sería nuestra estadía en el averno. Los últimos terremotos del centro-sur de Chile, habían sido en mayo de 1960.

Quienes esperábamos el sismo, lo hacíamos no por masoquismo, sino por que nos dábamos perfecta cuenta que medio siglo es demasiado tiempo de pernoctar sin cambiar de lado. Durante muchos años lo 8,8 grados de magnitud del sismo, será nuestro número diabólico. De las 03,34 a las 03,36 fuimos parte de un gigantesco cascabel.

Salí  de mi hogar solo, mi familia estaba en Santiago y Cauquenes. Una botella de agua, leche condensada, un tarro de duraznos y un paquete de maní acompañaron un abridor de tarros, mi cuaderno de notas y la radio a pilas en mi improvisado morral sobre el hombro izquierdo, en el otro, colgué mi Notebook, con todos mis tesoros de información y salí en dirección al cerro más cercano.

Mientras subía, junto a vecinos y desconocidos, en busca de la protección de cerro El Santo, ante la inminencia de un maremoto o tsunami, escuché voces sin rostro que pregonaban la infausta noticia: “Cayó la fontana”. No me sentí sorprendido. Su abatimiento lo había augurado con mucha antelación, al haber observado que su deteriorado pedestal (corroído por el tiempo, aire salino y humedad) necesita ser reforzado para soportar la amplia fuente superior. Así fue como me enteré del abatimiento de nuestro más hermoso y valioso icono patrimonial, que desde Francia viajó a fines del siglo XIX a engalanar nuestro principal paseo público.

Antes del amanecer, en hora imprecisa de temor,  la Plaza fue visitada levemente por el mar. El mito tomecino de la protección de nuestra costa por la Isla Quiriquina, se hizo realidad. Mientras el océano acariciaba nuestra Plaza, simultáneamente arrasaba y transformaba en mártir el famoso balneario de Dichato, que desde ahora, es parte de la trágica nómina de lugares asolados por tsunamis.

A las nueve de la mañana, junto a mi colega Alfonso Cerna, quien me facilitó  su máquina fotográfica, pude dejar testimonio gráfico de la desarticulada Fontana, antes que fuera cubierta con un manto verde.

Las piezas más frágiles de nuestra Fontana, gracias a la oportuna intervención de mis amigos artistas plásticos Santiago Espinoza, Betty Rodríguez, Anita Fierro y personal municipal, ahora están protegidas.

No nos abatiremos en estas horas sísmicas e inciertas, de temblores majaderos que reiteran la fragilidad de nuestras  obras y existencias. Muchos antepasados vivieron situaciones similares y fueron capaces de limpiar calles y caminos cubiertos de escombros y levantar nuevamente la ciudad que nos acoge, que es donde verdaderamente comienza nuestra patria.

Ya el 24 de enero de 1939, otro sismo había derribado la Fontana. Felizmente, abuelos y tatarabuelos volvieron a ponerla de pie y así tuvimos el privilegio de conocerla y admirarla. Nos duele reconocer que no fuimos capaces de protegerla.

La Fontana de Tritones de Tomé, retornará a su céntrico pedestal. Será nuestra esperanza convertida en afán y símbolo de nuestra capacidad de levantarnos, a pesar de las zancadillas a que nos somete nuestro inestable planeta. Los cuatro tritones volverán a indicar los puntos cardinales para que sus miradas, sin distancia, acompañen a las de Francia, Italia, México e Isla La Reunión.

Ya lo habíamos dicho y volvemos a decirlo con mayor convicción: “Sabemos que no somos dueños de la fontana, solamente herederos momentáneos, responsables de heredarla en buen estado, a quienes la esperan, en el futuro”.

Prof. Rolando Saavedra Villegas
www.romanvilleg.cl



“Fontana de Tritones”

La joya francesa de Val d’Osne que decoró  la Plaza de Tomé – Chile hasta el sismo del 27 febrero 2010

La “Fontana de Tritones” de la Plaza de Armas de Tomé, derribada por el violento y extenso sismo grado 8,8 del 27 de febrero del 2010, fue por más de 120 años el más importante elemento de mobiliario urbano de la ciudad, y se convirtió en icono de su identidad citadina.

Originaria de la Fundición de Arte de Val d'Osne, Francia, estaba ubicada en el sector poniente de la Plaza de Armas “Arturo Prat”. Se ignora el año de su llegada, circunstancias y fecha de su emplazamiento. Sin embargo a comienzo de la década del 90 del siglo XIX ya se sabe de su presencia.

Único bien cultural de más un siglo de existencia en la ciudad. El terremoto del 24 de enero de 1939, ya la había derribado de su pedestal. En esa circunstancia sismica perdió la figura superior, de una mujer semidesnuda, que en forma alegórica representaba al otoño y la viticultura (arte de cultivar las vides).

Desde 1940 la fontana tomecina estuvo coronada con un ángel de alas plegadas cuyo origen se desconoce. En su mano derecha tenía una paloma y en la izquierda un ramo de violetas. En la base del ángel, decía “Templance”

Cada uno de sus cuatro tritones (figuras mitológicas mitad niño y mitad pez), indicaba un punto cardinal específico. El Tritón que miraba  al Norte en la base tenía en relieve el texto “Barbezat & C. Val  d’Osne” inscripción que indicaba que la fontana había sido fabricada cuando su propietario era don  Gustavo Barbezat, quien la dirigió desde 1855 a 1867. El fundador y primer propietario de Val d’Osne fue don Víctor André.

La Fontana de Tritones, fue pintada en numerosas ocasiones, sin embargo, jamás se le realizó reparación estructural. Estaba en la etapa inicial la elaboración de un proyecto de restauración, cuando el sismo la derribó.

Ante el peligro que presentaba dejar sus restos fragmentados expuestos al hurto o vandalismo, gracias a gestiones de los artistas plásticos Santiago Espinoza y Ana Fierro, más el apoyo de personal de la I. Municipalidad de Tomé, gran parte de su estructura, debidamente inventariada, quedó bajo resguardo de la Sra. Ana Fierro, quien gentilmente, como integrante del Comité Comunal para el Patrimonio de Tomé, facilitó su propiedad y taller.

Cabe destacar que la Fontana de Tritones de Tomé, tenía gemelas en Ciudad de México, Pratola Peligna (Italia), Saint Pierre (Isla La Reunión, Departamento de Ultramar de Francia en el Océano Índico) y Toulouse (Francia).

Para la I. Municipalidad de Tomé y el “Comité Comunal para el Patrimonio de Tomé” será un gran desafío conseguir fondos para su reparación, que permita devolverla al corazón de la ciudad y de sus ciudadanos del presente y el futuro.  

Cual ave fénix, la Fontana de Tritones volverá

Prof. Rolando Saavedra Villegas.
Investigador de la Historia de Tomé

 
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